Henry de Toulouse-Lautrec fue uno de los autores del impresionismo tardío y el único de estos pintores que consiguió ver en vida sus obras expuestas en el Louvre, pese a que murió bastante joven.
La historia personal de este pintor francés es bastante curiosa. Proveniente de una familia adinerada, sus padres eran primos en primer grado, algo por cierto usual en su familia, y esto provocó que padeciera una debilidad endogámica de los huesos. En la adolescencia se fractura los dos fémures y esto hace que no pueda seguir creciendo de manera natural, alcanzando sólo la altura de metro y medio.
Con el apoyo de uno de sus tíos decide ser pintor y se muda a París donde entra en contacto con todo el movimiento bohemio de la época. Coincide y tiene relación con Van Gogh o Degas entre otros grandes artistas de la época. Muy pronto se muda a vivir al barrio de Montmartre y allí dará rienda suelta a su vida bohemia.
Es sabido que pese a su pequeña estatura, Toulouse-Lautrec era un hombre de muy buen carácter que se ganó la simpatía de todo el mundo. Su obra se centra en retratar aspectos cotidianos de las personas que le rodearon en París, sobre todo prostitutas y personajes de la vida nocturna de la ciudad de las luces. Así podemos encontrar obras exquisitas como la siguiente, en la que muestra a una mujer (probablemente una prostituta) de espaldas y en una actitud indolente como si fuera a comenzar a asearse.
Como consecuencia de este estilo de vida y de su debilidad por las prostitutas, Toulouse-Lautrec contrajo la sífilis. Además tuvo grandes problemas con el alcohol y durante los últimos meses de su vida estuvo postrado en una cama con delirios, depresión y neurósis. Murió a la edad de 37 años en una de las residencias de su familia.
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