Este cuadro obra del artista francés Claude Courbet es una de las obras más controvertidas de la historia del arte y sin embargo, o debido a eso, es una de las que más carga de erotismo tiene. Estuvo más de 130 años oculta al público, una obra marginada a la que Courbet ni siquiera puso nombre y que fue un encargo del embajador turco en París, Jalil-Bey, que en 1866 visitó el taller del artista. Al parecer su intención primera fue comprar un cuadro escandaloso, Vénus et Psyché, pero ésta ya tenía propietario, por lo que Courbet propone a cambio Les dormeuses, también de tema lésbico. Además, el embajador logró que el pintor le regalase un pequeño lienzo, aun sin nombre, que representaba el pubis desnudo de una mujer.
El cuadro permanecería en el cuarto de baño del embajador, detrás de un cortinaje verde, sin nombre ni firma, hasta que por problemas económicos éste lo vende. Así es como llegará a manos de Jean Baptiste Faure, barítono de la ópera de París. La nueva ubicación del cuadro será detrás de un paisaje nevado, obra del propio Courbet.
Aunque en ese momento aun son muy pocos los que han visto la obra, ya habían escrito sobre él algunas personas como pueden ser Gautier o Edmond de Goncourt, que afirmaría: “Un vientre tan bello como la carne de un correggio“. Pero a la esposa del cantante no le gusta el tiempo que su marido pierde ante la tela, ni las risas de los amigos privilegiados que la descubren. Así que pasa a manos de un marchante de arte que la exhibirá en una sala privada.
Después de eso se le pierde la pista a la pintura, que aun no tiene nombre, hasta que en 1912 una prestigiosa galería compra la tela a una tal señorita Vial. Y es ahí donde la adquirió François de Hatvany, un coleccionista de Budapest, se lleva el courbet a su ciudad, donde, en 1935, el especialista en Courbet, Charles Léger, se referirá a ella por primera vez como la obra L’origine du monde. En 1944, bajo plena ocupación alemana, el cuadro es robado para acabar fianlmente en manos de un coronel del ejército ruso, Tarastrov, que salva el cuadro de la quema.
En 1955, el cuadro parará ser propiedad de Sylvia Lacan, la protagonista de La regla del juego de Renoir, por un 1.500.000 francos. Para evitar problemas con el vecindario y la servidumbre, Sylvia pide a su cuñado, André Masson, que haga una nueva obra para esconder el courbet.
En 1967, el sexólogo Zwang publica la primera foto de la obra y no será hasta 1977 que la pintura será reproducida en un libro de arte. Pero será a finales de los 80s, en 1988 concretamente, cuando el cuadro será expuesto por primera vez en un museo: The Brooklyn Museum of Art.
Aunque parezca mentira, el cuadro seguirá generando polémica, ya incluso en los 90s. Cuando Jacques Henric publica la novela Adoratíons perpétuelles en 1994, decide ilustrar su cubierta con una reproducción del cuadro, lo que provoca el secuestro del libro. Esto generará tal revuelo, que en 1995, el ministro de Cultura francés, Douste-Blazy, anuncia el ingreso de la pintura a las colecciones nacionales, evitando ser fotografiado junto a la obra.
Actualmente se exhibe en el museo el Musée d’Orsay de París junto con otras obras de Courbet. Y aun hoy, cuando paseas por sus salas adviertes cómo a la gente le sigue provocando pudor pararse frente a esta controvertida obra que no deja a nadie indiferente.
Fuente: El País Semanal.
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