Ya hemos visto en numerosas ocasiones que los cultos sexuales son tan antiguos como la humanidad. Así, sabemos que en otras épocas las prostitutas de los templos de Babilonia, Grecia o Roma, participaban de ritos de fertilidad, ritos que por lo general significaban copulaciones en grupo. Se celebraban en honor a Dionisos desenfrenadas bacanales (valga la redundancia etimológica) y en la Europa medieval, las sectas cristianas fanáticas como los Bogomil o los Fraticelli, escandalizaban a la Iglesia siendo promiscuos y practicando sexo en grupo para honrar a Dios.
Ya en el siglo XX han surgido cultos sectarios que predicaban amor y libertad sexual y uno de los más importante en cuanto a número de seguidores en el mundo fue el movimiento que inició Rajneesh Chandra Mohan, también conocido como Osho.
Miles de jóvenes de Europa y EE.UU. realizaron a finales de la década de los 60, una peregrinación a la ciudad de Poona en la India, para sentarse a los pies de este guía. Lo que les atraía principalmente de este personaje, fue, sobre todo, la libertad sexual que propugnaba.
Osho recomendaba técnicas de coito prolongado, no sólo para alargar el placer si no también para controlar los deseos sexuales.Promulgaba para el sexo sólo dos caminos: o lo reprimías (como han hecho las religiones tradicionales) o lo transformabas. Por ello, Osho predicaba que debíamos aceptar nuestra sexualidad, explorarla y descubrirla. El no hacer esto, nos hace personas no creativas y por lo tanto miserables y casi muertas.
Además, se lel conoce también como maestro tántrico, ya que escribió mucho sobre esta famosa rama del Hinduismo. Dejó citas como la siguiente:
“Para el Tantra uno tiene que usar la energía del sexo. No luche en contra de ella: transfórmela. No piense en términos de enemistad. Es su energía, no es dañina, no es mala. Toda energía es simplemente natural. Puede usarse en beneficio o en contra de uno”.
El escándalo mediático que provocó obligó a Osho a trasladarse a EE.UU. Allí eran habituales los encuentros en los que participaban entre 30 o 40 mujeres. Ellas en particular parecían descubrir, al desinhibirse, el aspecto agresivo de su sexualidad; tanto era así que algunos seguidores masculinos de la secta se sentían intimidados al ver que las mujeres pasaban de un hombre a otro en extendidas sesiones sexuales. La atmósfera era abiertamente distendida pero hay quienes han dejado testimonio de una distensión impregnada de histeria.
A las acusaciones de vender sólo sexo, Osho respondía que para que una persona pudiera conseguir la plena consciencia espiritual, debía explorar y superar sus obsesiones sexuales y sus sentimientos de culpabilidad. Según él, al cabo de unas semanas de exploración sin límites, la persona empezaba a buscar otros lugares donde obtener satisfacción.
En 1983 el gobierno de EE.UU. comenzó a investigar las denuncias de padres y ex-adeptos, siendo detenido y expulsado del país. La justicia norteamericana descubrió que el gurú, apóstol de la paz y el amor, poseía todo un ejército privado.
Como dato curioso, a pesar de predicar técnicas de coito prolongado, parece que el gurú no lo hacía con el ejemplo. Muchas de las discípulas a las que dedicó sus favores se quejaron de que acostumbraba a eyacular nada más penetrarlas
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