Es muy común que demos por ciertas historias que nos llegan en la cultura popular, historias a las que se podría denominar como leyendas urbanas. Una de esas historias es la que se refiere al cinturón de castidad como artilugio creado en la Edad Media para preservar la honra de los cruzados que se alejaban del hogar.
Pero el nacimiento del primer cinturón de castidad no está ligado a la Edad Media. De hecho, se cree que su origen data del s.XV, ya en el Renacimiento, cuando hacía más de 150 años que los cruzados se habían retirado de Tierra Santa. No es muy probable que existieran los cinturones antes de esa época, por la simple razón de que no se han conservado ni uno sólo, aún cuando se han conservado una amplia colección de objetos eróticos de la época. Ninguno de los cinturones de castidad que existen fueron hechos en el medievo, todos los expuestos en museos fueron retirados tras comprobar que eran falsificaciones del siglo XIX.
La primera referencia a este objeto data del s.XV y es un relato popular que se le atribuye a Guido Mercanti. Relato que cuenta la historia picaresca de un cerrajero que hace un cinturon para un cruzado y que se guarda la llave para poder hacerle el amor a la mujer en cuanto aquél se marcha. Pero lo cierto es que el cinturón de castidad no puede usarse más que durante unas horas, a lo más un par de días. De otra forma, la mujer que lo llevase moriría víctima de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal. En realidad, las mujeres empleaban el cinturón de castidad como defensa contra la violación, en época de acuartelamiento de soldados, durante viajes y en estancias nocturnas en posadas.
En el siglo XVIII y hasta finales del XIX, la masturbación era considerada como el peor de los pecados y fuente de las peores enfermedades. Por ello se popularizó el uso de estos artilugios para evitarla. Un autor alemán, Karl Müller publicó en 1781 un libro dirigido a jóvenes y damas piadosas, en el que se inumeraban las desgracias que acarreaba este tipo de práticas sexuales y como solución proponía el uso de este aparato: el cinturón de castidad.
También es en esa época que se generaliza su uso dentro de las comunidades de religiosas para evitar la tentación de la masturbación o las relaciones sexuales. Las monjas solían llevar el aparato y se dice que lo donaban a otra monja al fallecer.
Se cuenta que llegó a haber confesores que fabricaban cinturones de castidad para las monjas y se negaban a dar la absolución a aquellas que lo rechazaban. En algunos conventos portugueses del siglo XIX, el cinturón de castidad se utilizaba como penitencia. La moda prosiguió hasta bien entrado el siglo XX.
Fuente: Infokrisis
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