Segunda entrega del análisis de una de las obras maestras de la pintura del s. XVI, el Tríptico de las Delicias de El Bosco. En esta obra, El Bosco satiriza el mundo de su época con un agudo sentido crítico, por medio de visiones oníricas repletas de seres monstruosos. Sin embargo, su obra está cargada de una intención moralizante propia de la época, en la que el pecado es omnipresente.
Hoy, nos centraremos en el retablo central del tríptico: El Jardín de las Delicias
La tabla central es el Jardín de las Delicias, propiamente dicho y es un falso paraíso en el que la humanidad ya ha sucumbido en pleno al pecado, especialmente a la lujuria, y se dirige a su perdición. Hay decenas de símbolos diferentes y así, las rocas tienen forma de órganos sexuales, al igual que los arroyos y las cuatro esquinas de la sierra. El barco de Venus; el baño de mujeres rodeadas de jinetes. En la Edad Media montar a caballo era una metáfora sexual y el baño de Venus era como decir que se estaba enamorado. Aparecen tanto hombres como mujeres, blancos y negros, desnudos. Se muestran todo tipo de relaciones sexuales y escenas eróticas, principalmente heterosexuales, pero también homosexuales y onanistas. Además, aparecen también relaciones eróticas o sexuales entre animales, e incluso entre plantas.
Hay por toda la pintura extrañas estructuras que aprisionan y oprimen a los personajes, a veces son como pompas, otras como costras, o conchas. Con esto se quiere dar a entender que el pecado aprisiona al hombre, lo corrompe y atrapa para siempre. Muchas de estas estructuras recuerdan a alambiques o matraces, lo que hace que algunos historiadores consideren que muy probablemente, los significados intrínsecos de la obra se hallen vinculados al mundo de la alquimia.
Los estanques representados no están limpios, sino son focos y origen de todos los males que refleja la pintura. En el centro de la tabla aparece un estanque, cuya forma circular queda subrayada por un cortejo de jinetes, compuesto casi exclusivamente por hombres desnudos montados en animales variados, reales o fantásticos, como leopardos, panteras, leones, osos, unicornios, ciervos, asnos, grifones, tomados de los bestiarios medievales. Se ha interpretado la aparición de esos animales como símbolos de la lujuria. Se le ha denominado la “fuente del adulterio” y a sus cuatro lados, unas extrañas colinas-torres, excéntricas construcciones vegetales y minerales. Los cuatro ramales en los que se divide la corriente serían los cuatro ríos del Paraíso terrenal.
Otro elemento curioso es el desproporcionado tamaño con el que están representados animales y plantas, que llega incluso a sobrepasar la estatura de los hombres. Es la idea del mundo al revés muy presente en el lenguaje iconográfico y literario de la época (La nave de los locos de Sebastian Brandt o el Elogio de la locura, de Erasmo son muestras de ello). Hay una obsesión por presentar animales y personas en posiciones invertidas: uno de ellos aparece con la cabeza y el torso sumergidos en el agua mientras que abre las piernas en forma de Y.
En la parte inferior de la tabla se puede apreciar uno de los elemantos simbólicos más curiosos. Aparece una figura vestida, la única que aparece en todo el cuadro, y que mira claramente hacia afuera estableciendo una complicidad con el espectador. Señala a una mujer tumbada que a todas luces parece ser Eva. Detrás del hombre vestido irrumpe un tercer personaje. Acerca de quien es el hombre vestido hay varias teorías. Bax, por ejemplo, lo identifica con Adán mientras que el hombre que aparece por detrás saliendo de una cueva sería Noé anunciando una nueva era tras el diluvio.Hay otra hipótesis en la que el varón pertrechado es Juan Bautista, que siempre se representa con una piel deshilachada y señalando siempre algo, el Cordero normalmente. Aquí, sin embargo, El Bosco nos sorprendería una vez más. El Bautista no aparece señalando al que quita los pecados del mundo (el Cordero) sino precisamente a la que los trajo, Eva. Hay un grupo de hombres que están señalando hacia la tabla anterior, en especial a Eva, lo que se ha interpretado como una clara acusación a la mujer como responsable de haber sucumbido a la tentación de la serpiente cometiendo el pecado por el que pagará toda la humanidad. La misoginia en la época en la que El Bosco pinta El Jardín de las Delicias es de sobra conocida.
Esta es la interpretación tradicional del panel central. No obstante, ha habido otras que se apartan de la misma, teniendo en cuenta que El Bosco realmente no condena lo que se está viendo en este panel, al contrario, parece un mundo positivo, altamente «deseable». Se representa un universo de felicidad, sin dolor, enfermedad ni muerte. No se representa el paso del tiempo (no hay niños ni ancianos), tampoco se ve a nadie trabajando para ganarse el sustento con el sudor de su frente. Se describe a una humanidad diversa que se alimenta de los frutos de la tierra y se organiza en estructuras naturales.
Otros autores defienden, en cambio, que lo que se está representando realmente, dado que hay una continuidad del paisaje en relación con la tabla de la izquierda, una ilustración del Génesis. Se estaría describiendo el Paraíso terrenal, según el Génesis.
[...] Tercera y última entrega del análisis de una de las obras maestras de la pintura del s. XVI, el Tríptico de las Delicias de El Bosco. [...]