Tras el puritanismo reinante en Europa en los siglos XVIII y XIX, a finales del XIX aparecen diferentes figuras que perfilarán e inaugurarán la revolución sexual que se vivirá en el s.XX. Entre estas figuras importantes en la historia del estudio de la sexualidad, se encuentran médicos que han pasado a la historia tales como Sigmund Freud o Havelock Ellis, de los que ya hemos hablado anteriormente.
Sigmund Freud (1856-1939), médico vienés es el padre del psicoanálisis. Demostró la trascendencia que tiene la sexualidad para los individuos y desarrolló su teoría de la personalidad basada en el desarrollo de la sexualidad. Para Freud, somos animales básicamente sexuales y la sexualidad condiciona todos y cada uno de nuestros actos a lo largo de la vida. Introdujo el término libido como la energía sexual de la que emanan todas las actividades de los hombres.
Sus teorías escandalizaron a la sociedad europea de su época, ya que afirmó que la mayoría de fobias y miedos venían provocados por traumas o frustraciones sexuales. Hizo investigaciones entre niños y adultos estableciendo que desde la infancia somos seres sexuales. Argumentó que los humano desarrollamos, desde que nacemos, objetivos que pueden ser una fuente de placer. Así, según las personas van desarrollándose, van fijándose sobre diferentes objetos específicos en distintas etapas: la etapa oral (ejemplificada por el placer de los bebés en la lactancia); la etapa anal (ejemplificada por el placer de los niños al controlar sus defecaciones); y luego la etapa fálica. Propuso entonces que llega un momento en que los niños pasan a una fase donde se fijan en el progenitor de sexo opuesto (complejo de Edipo) y desarrolló un modelo que explica la forma en que encaja este patrón en el desarrollo de la dinámica de la mente. Cada fase es una progresión hacia la madurez sexual, caracterizada por un fuerte yo y la habilidad para retardar la necesidad de gratificaciones.
Por su parte Havelock Ellis, fue uno de los autores claves en el conocimiento de la sexualidad humana. En su obra hará afirmaciones tan revolucionarias como que el deseo sexual es igual para hombres y mujeres. Además señaló que la masturbación era común no sólo en los hombres, sino que también se trataba de una práctica habitual en las mujeres de todas las edades y que no era algo insano, si no inherente al ser humano. Además de señalar que el orgasmo múltiple era un fenómeno frecuente entre ellas. Otra afirmación que causó ampollas en su época, fue en la que aseguró que la homosexualidad no era una enfermedad ni un comportamiento inmoral. Además, desarrolló conceptos psicológicos como los de el «autoerotismo» y el «narcisismo», ambos posteriormente empleados por Sigmund Freud.
Pero también las mujeres empiezan a hacer su aparición en esta época y así, podemos hablar de Marie Stopes(1880-1959), quien aseguró que el sexo debía ser disfrutado libremente y sin temores. Se interó por el tema porque su esposo tenía problemas sexuales que desembocarían más tarde en una anulación matrimonial. A partir de entonces, establece un compormiso con las parejas, ayudándolas a desprenderse de las inhibiciones y represiones típicas de la época victoriana publicando un manual al respecto.
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