Las hetairas

Las hetairas

La guerra que se desarrolló entre Esparta y Atenas tuvo unas consecuencias nada previsibles en la sociedad griega. Es Hipócrates, quién describe un cuadro de “histeria femenina” generalizado, y es que, los hombres que regresaron de la guerra, se habían acostumbrado a dos formas de sexualidad: la prostitución y la homosexualidad.

A consecuencia de lo anterior, la prostitución se generalizó en toda Grecia, alcanzando una popularidad nunca vista antes. Con la difusión de las labores de las cortesanas de Oriente, surge la figura de la hetaira, la mujer que hace de la práctica del sexo un arte.

La palabra “Hetaira” significa “compañera de los hombres”. Para llegar a serlo debían poseer no solamente una gran belleza, sino también cultura y dotes artísticas. Luciano de Samotracia, en su Diálogo de las cortesanas nos las describe así: ” Se nos presenta detallista y elegante. Es alegre con todos, sin reírse estrepitosamente como es tu costumbre, sino sonriendo de una manera encantadora; luego trata a los hombres con habilidad, sin engañar a los que la visitan o la llevan a su casa, ni ofrecerse sin ser solicitada. En los banquetes a los que asiste alquilada, se cuida de no emborracharse, pues la embriaguez pone en ridículo y hace a la mujer detestable, y de atracarse de comidas indecentemente. No habla más de lo preciso, no se burla de los asistentes, no mira sino al que le paga. Por eso la quieren todos. Cuando es preciso acostarse no se muestra ni lasciva ni indiferente y sólo procura agradar a su amante y conquistarlo”.

Eran las únicas que podían acudir a los banquetes “simposia” que celebraban los hombres, en donde se hablaba de política, cultura y todos los temas humanos; Los griegos pensaban que producían a los hombres con su compañía mucho más placer que sus mujeres legales gunaikes; lógicamente no se entrometían en sus conversaciones más que cuando eran requeridas; su función era amenizar estas reuniones con su música, baile y recitación, no únicamente con sus favores sexuales. Hay representaciones de estas en vasos en las que se les ve tocando la flauta, bailando o sirviendo los manjares y vino que consumían los invitados.

Una famosa hetaira fue Friné, inmortalizada en el mármol por Praxíteles. Nació en Tespia, Beocia y en sus primeros años se dedicó a cuidar cabras; reunió una pequeña fortuna y se trasladó a Atenas. Allí desarrolló sus “artes amatorias”, dando inclusive espectáculos en público.

Pero el hecho más relevante de la historia de Friné fue su proceso por impiedad: la cortesana había realizado ceremonias dedicadas a Afrodita en su propia casa sin ser sacerdotisa, y se cuenta que en su juicio, donde iba a ser condenada a muerte, su abogado defensor ofreció el mejor argumento que tenía a su favor: dejó caer la túnica que la cubría y mostró al jurado la belleza de su cuerpo. La joven fue absuelta.

Mujeres transgresoras, las hetairas superaron las barreras que su oficio les imponía, y consiguieron deshacerse del yugo social y cultural a que estaba sometida la gran mayoría de mujeres griegas de la época.

Artemisa

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2 comentarios »

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