Abdelwahab Bouhdiba, en su libro Sexualidad en el Islam nos dice cómo un marido ha de comportarse y cómo ha de lucir :
” La barba es una prerrogativa masculina. Ha de ser objeto de la más escrupulosa y continúa atención. Por supuesto hay cinco cosas que son definidas como ‘naturales’ (mianl fitra): circuncisión, vestir de luto, depilación de las axilas, cortarse las uñas y llevar barba. Otro hadith añade que ha de afeitarse el vello púbico y recortarse bien el bigote. Incuso podría teñirse y la henna está especialmente recomendada. Se puede solicitar la ayuda de la esposa o concubina para este menester.
Incluso hay un hadith que ‘establece una relación directa entrela plenitud de la barba y la amplitud de la inteligencia’. Hay, por consiguiente, una clara conexión entre la barba y la inteligencia.
De manera más general, en la sociedad tradicional árabe, se puede reconocer el rango de un hombre por la longitud, la forma y el color de su barba. Así, un burgués lucía una cuidada barba teñida o de azul, amarillo,verde o rojo. Un obrero o un esclavo podían ser reconocidos por sus cortas barbas. Y los nobles y los hombres que se dedicaban a profesiones liberales, doctores, profesores, imanes, llevaban barbas muy largas y blancas como la nieve, mientras que las de los soldados estaban divididas en dos mechones negros.”
El punto de vista de las féminas no debe ser ignorado en este crucial asunto, como deja muy claro Sherezade en los cuentos de Las mil y una noches. En referencia que aquellas mujeres quienes expresen preferencia por los jóvenes sin espinosos bigotes o barbas, ella les replica de manera bastante caustica:
“¡Hermana, eres una idiota…! Las barbas y los bigotes son a los hombres lo que un buen pelo largo a las mujeres…¿Y aún me dices que elija a un chico imberbe como amante? ¿Crees que alguna vez podría yacer durante mucho tiempo bajo un joven que no bien haya montado esté pensando en desmontar; quien, no bien haya llegado, ya este pensando en irse; quien, no bien esté ligado, ya piense en desligarse; quien, no bien se haya endurecido, ya este pensando en ablandarse; quien, no bien haya conquistado, ya esté pensando en la derrota,(…).¡Desengáñate, hermana! Nunca dejaré a un hombre que está listo tan pronto cómo estornudas, quien permanece cuando está dentro, que se llena cuando está vacío, quien empieza otra vez cuando ha acabado, cuyos movimientos son excelentes, cuyas embestidas son un regalo, y que cuando empuja, agujerea!”
Entre marido y mujer se permite la contemplación de todo el cuerpo excepto de los órganos sexuales de la pareja, lo que se aconseje no mirar por que ‘mirarlas puede dejarnos ciegos’.

Paul Emil Jacobs: Scheherezade, dem Kalifen
Märchen erzählend (nach 1840)(Foto: Lutz Ebhardt, Gotha)
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