Todo el mundo sabe que la cultura china es muy diferente a la nuestra. No son pueblos muy dados al contacto físico o a besarse en público y hay una razón para ello.
Según el libro China para hipocondríacos de José Ovejero, el beso en China era considerado como parte del acto sexual, por lo que no se podía hacer en público. Tal era la creencia que hizo a los extranjeros que se acercaron a este país pensar que era un acto desconocido para este pueblo y a los chinos a pensar que las mujeres que llegaban con los extranjeros eran todas prostitutas.
Pero este “puritanismo” que se ha dado en esta cultura milenaria no siempre fue así. Durante la Dinastía Tang se escribieron libros sobre sexualidad bastante explícitos en lo que se hablaba sin tapujos de cuestiones sexuales como posturas y sobre los beneficios de la práctica del sexo. El Tao insistía en los beneficios de realizar el acto sexual en determinada forma y postura para dar longevidad a la persona.
El hombre, según el Tao, es rico en Yang, pero necesita nutrirse de Ying, que es de lo que son ricas la mujeres. Por ello necesita el acto sexual con todas las mujeres que sea posible y reteniendo el semen siempre es aconsejable. Esto hacía que el hombre atendiese a todas sus concubinas por igual y que intentase que disfrutasen lo máximo posible con el objetivo de que liberase el máximo ying. Así, durante siglo se sucedieron los manuales sobre cómo dar el máximo placer a la mujer dentro de los libros de sexualidad china.
Un dato curioso es que, como se perseguía que la mujer disfrutase para que liberase su Ying, la masturbación no les estaba prohibida mientras que a los varones, sí puesto que estaba considerado como un desperdicio.

Pintado por Guan Zejú (artista chino).
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